El elefante en la habitación

 

En el año 2003, el director estadounidense Gus Van Sant se llevó las palmas del Festival de Cine de Cannes por una estruendosa obra maestra. El filme en cuestión estaba basado en la matanza del Instituto Columbine en Colorado, que había ocurrido en 1999 y era, hasta ese momento, el tiroteo escolar masivo con el mayor número de víctimas: 12 estudiantes y un profesor. Lo llamativo, entre muchas cosas de esta brutal película, es su título: Elefante.

El nombre hace alusión a la expresión inglesa elephant in the room (el elefante en la habitación) que es usada en la cultura anglosajona para referirse a situaciones evidentes de las que nadie quiere hablar. Creo que no hace falta enunciar cuál es esa situación más que evidente para la sociedad estadounidense y que lleva años debatiéndose sin que se logre ningún resultado.

Tras ese terrible hecho, los asesinatos en masa en escuelas de EU se han convertido en algo usual. Pero no solo en escuelas, también en festivales de música, en iglesias, en sinagogas, en centros comerciales… es decir, en cualquier lugar público lo suficientemente repleto de gente para ser masacrada por algún lunático con un arma de asalto.

Aunque corrijo. Me parece que tildar de lunáticos a los perpetradores de todos estos terribles actos es no entender la naturaleza de su perfil psicológico y es simplificar las razones o motivaciones que los orillan a matar personas.

Ya lo sabemos. Si hacemos una comparación de todos los autores de estos tiroteos podremos encontrar alguna similitud por aquí y otra por allá, pero ese análisis no pasará de ser buen material para una miniserie de Netflix o un documental de HBO. De igual manera, estos atroces hechos solo servirán para que los políticos de ese país, los republicanos sobre todo, arrojen dos o tres lágrimas de cocodrilo y para que los demócratas lancen discursos con ánimos reformatorios a la ley de uso de armas.

Pero la cosa queda ahí.

Sabemos también que existe un poderoso lobby en Washington que ha impedido y seguirá impidiendo que se aprueben leyes más estrictas para la compra, uso y portación de armas. En la película que mencioné en el primer párrafo, se describe la forma ridículamente fácil en la que un menor de edad puede adquirir un arma militar sin problema alguno.

Pero desde mi perspectiva, el elefante en la habitación no es el de una regulación más estricta respecto a las armas. Creo que esa es una salida muy fácil, aunque claro que ayudaría, para un problema mucho más complejo y que tiene que ver con aspectos culturales muy arraigados en la sociedad estadounidense. Para la gran mayoría de su población, portar un arma es casi como ponerse calcetines o cualquier otra prenda. El culto a esos objetos puede llegar a niveles alarmantes en un país en donde hay 120 armas por cada 100 habitantes.

Creo que ese elefante nos está alertando sobre enormes fallas estructurales en nuestra sociedad que vienen de larga data, y digo nuestra sociedad, porque si bien esta columna viene a cuento debido lo sucedido ayer en Uvalde, Texas, en el fondo, muchos hechos como estos ocurren porque existen problemas sociales de fondo. Y son problemas profundos que nos abarcan a todos, sin importar en donde vivamos. Desigualdad, pobreza, discriminación étnica, sexual, nacionalismo, depresión y la lista puede continuar.

Si volvemos al perfil de los perpetradores de estos y muchos otros actos de violencia, seguro lo que salga de ese análisis nos daría un poco de luz sobre lo que está fallando en nuestra sociedad. Y estoy seguro de que más de uno se ha dado cuenta de ello, entonces, ¿por qué nos es tan difícil hacerle las cirugías mayores a este sistema social, político y económico que nos tiene contra las cuerdas? Es una pregunta para lo que desafortunadamente no tengo respuesta.