Red pública-1822. la visión

 

 

Edgar Mereles Ortíz.

Cuento corto: Andrés “el tejedor de sueños”. Primera parte.

“erase una vez un niño que soñó con conquistar España”

Hermenegildo García.

Red pública-1822. la visión

El hombre estaba de pie en el salón de embajadores de su palacio, antes nacional, hoy personal; tenía fija la mirada en la gente que caminaba sobre el zócalo de la plaza de la transformación. Su cuerpo procuraba estar erguido, las manos se entrelazaban de los dedos por la espalda, se veía sereno, ecuánime, reflexivo, sus pensamientos iban más allá de los acontecimientos, revisaba la historia y a su personajes, los evaluaba, los enjuiciaba. Alzo la mirada hacia los campanarios de la catedral, soltó un suspiro breve, fuerte. “No fue suficiente el haber hecho la independencia, el quitarnos el yugo de la corona española; Hidalgo y Morelos junto con sus grupos de capitanes y sacerdotes no fueron al fondo de la solución, de ahí que hayan sido fusilados en su inmensa mayoría. Fueron derrotados, sometidos, humillados y asesinados por esos conservadores neoliberales que siguen exprimiendo las riquezas de la nación.”

Dio un giro y avanzó hacia uno de los sillones de caoba con telas de seda en sus asientos y respaldo, en una mesa lateral había una jarra con agua de pepino, limón y chía; se dejó caer sobre el asiento, tomó un vaso con la mano izquierda, lo acercó hacia la jarra de barro, después sujetó la jarra y se sirvió del contenido. “Tuvo que venir un español para concluir lo que los criollos no pudieron y lo que los nativos mexicanos, ni siquiera se atrevieron: hacer una independencia absoluta, acabar con los privilegios de las grandes corporaciones continentales, extranjeras, incluso las nacionales. Viejos ricos de viejas familias siguen acumulando fortunas. ¿Dónde está Ramón?”. José Ramón, su hijo primogénito, el más audaz, el que siempre desde niño ha estado a su lado, de su mano. Joserra, como le dice de cariño su padre, se había dado la tarea de recuperar las tierras que le fueron despojadas a la madre patria por los colonizadores del norte, se fue a Houston con su bella y millonaria esposa. Parece que los objetivos de recuperación se están cumpliendo.

Al recordar la misión histórica de su crío, el titular del ejecutivo volvió a la calma “si tuviera diez José Ramones, desde Panamá hasta Nuevo México, Nevada y California volverían a ser del territorio nacional, todo eso sería posible si convenzo a Claudia, Marcelo y Ricardo de que somos un equipo, que desde el 18 la nación nos pertenece y no hay oposición al frente que nos haga sombra, pero no, no, no están obsesionados en sustituirme, en luchar por mi lugar como si yo estuviera ausente, lejano o quizá ¡hasta muerto!”

Sus pensamientos lo agitaron, el grito alertó a las gacelas, panteras y águilas de su cuerpo de seguridad. La comandante de la guardia, con simulada calma, tomó el picaporte de la puerta y desde afuera la abrió con lentitud, asomó sigilosamente su cabeza y con voz pausada preguntó “¿se encuentra bien, señor primer ciudadano de la cuarta transformación?” utilizando en título constitucional que marcaba la nueva carta magna del país. “¡NO!”, grito el ciudadano, “No me encuentro bien, ¿Quién puede estar bien rodeado de gente que solamente critica mis proyectos de nación, con periodistas que se dejan acribillar para poner en tela de juicio mi politica de abrazos y no balazos, con niños enfermos de ansias de poder, golpistas y conservadores que me persiguen por todo el país, con el pinche “Carlitos” exhibiendo los esfuerzos de mi familia por tener un patrimonio nacional? ¿Quién juzgó a Cárdenas por vivir en el Alcázar de Chapultepec? Nadie. ¿Quién juzgó a Morelos por su hijo Nepomuceno, conservador y traidor a los ideales liberales del momento? Nadie. ¿Quién juzgó a Felipe Ángeles por ser un socialista formado en los círculos norteamericanos? Nadie. ¿Quién juzgó a los hermanos Magón por recibir dinero de las logias masónicas en el extranjero, por financiar a Madero? Nadie, nadie, nadie. Mi hijo expone su nombre, y el mío, para traer dinero extranjero a las arcas de la nación y todos me lo reclaman, así no se puede, no se puede”

La comandante estaba rígida, viendo hacia la nada, escuchando cada reclamo, cada lamento del primer ciudadano de la cuarta transformación. El hombre llevó sus manos a su rostro y de manera impetuosa, soltó:” María Félix, comandante de mi guardia nacional, debemos concluir lo que Hidalgo mal empezó”. La comandante giró sus ojos hacia el jefe máximo y mantuvo el silencio, sabía que esas reflexiones terminaban en cosas raras como: Jesusa en Panamá, la esposa en París representado al gobierno, reclamos por el penacho de quien sabe quién, estadios de beisbol, estampitas contra el COVID y muchas cosas más.

El hombre de un brinco se puso de pie, camino hacia el ventanal y dijo con absoluta solemnidad “Tenemos que detener la codicia de los españoles, esas inversiones en México que son ficticias deben de parar, esas exportaciones que alimentan a los conservadores ya no pueden continuar. Hagamos una pausa, después un retiro de nuestros agregados en la embajada, por último, desviemos nuestras fuerzas armadas, marinas y de la guardia nacional para que hagan la toma de la Moncloa. ¡Sí!, la nación volverá a mi agradecida, como cuando Echeverría les grito a los estudiantes en ciudad universitaria: “hijos de la CIA, así gritaban las juventudes nazis”; o como López portillo cuando defendió como un perro el peso.

Que vengan los ministros de guerra y marina, el almirantazgo naval y el secretario de estado. Esto se acabó, ahora el mundo me va a respetar como respetan a Putin y los españoles temblaran como tiemblan los ucranianos.

La comandante, dio el saludo de mando a su jefe supremo de las fuerzas armadas, dio una media vuelta marcial, sujeto el picaporte, abrió la puerta, salió y entre carcajadas, lágrimas en los ojos y retorceduras de su cuerpo por la hilaridad, se sento en su silla, con voz entre cortada, ordenó a toda la fauna de escoltas del señor ciudadano que sonreía, sin comprender, hasta que maría Félix dijo, “llame al Crescencio, al Ojeda, a Ebrard y al de la guardia nacional, ahora si vamos a coger gachupines.”. Esta tragedia, continuará…

10 de enero 2022.

Deja un comentario