1 julio, 2022

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Confinado

 

Ya son más de 300 días resguardado en casa con toda mi familia.

Desde marzo del 2020 se cerró la puerta principal y desde entonces nadie entra ni sale. Contener dentro a mis 4 hijos, todos ellos de 22 años, ha sido el principal reto, pero todos ellos han cumplido.

Mi vida transcurre a las 8:25, hora en que se detuvo el reloj de pared de la cocina y con el que se perdió un poco el sentido del tiempo desde hace muchos meses.

Todos los alimentos se piden por vía electrónica a los centros comerciales, se dejan en la puerta de la cochera y se lavan y cloran sin excepción, lo cual nos lleva de 3 a 4 horas enjabonando, enjuagando, clorando y volviendo a enjuagar cada tomate, limón, litro de leche, lata, así como los que vienen en caja, que además guardan 5 días de cuarentena en el patio trasero antes de abrirse.

Sacar la basura o barrer el frente de la casa, es decir, poner un pie en la banqueta requiere de cubrebocas obligatorio.

Más de 300 días sin estar frente a frente con otras personas fuera de mis hijos y mi esposa.

No he de mentir. Ocasionalmente nos subimos al coche y salimos y dar la vuelta. Los vidrios arriba, y nadie se baja por ningún motivo. Es tan ocasional, que el parabrisas lleno de una costra de polvo no permite la visibilidad y debe ser limpiado antes, no obstante que también ocasionalmente el carro se estaciona afuera para que sea lavado solo en su exterior por quienes brindan ese servicio a domicilio.

Dejar o recoger algo se hace mediante la cajuela del auto, sin contacto.

En éste contexto se graduaron dos de mis hijos, que ya trabajan vía home ofice y los otros dos también lo harán dentro de la pandemia. Nuestra hija mayor ya no vive con nosotros y lo más difícil ha sido no poder darle un abrazo.

Dentro de casa, aplica un rol diario de tareas que realiza cada uno, aunque esto no es nuevo pues antes de la pandemia era lo normal sábado y domingo, ahora sin la señora que nos ayuda el rol aplica diariamente y se cumple por todos: lavar trastes, ropa, trapear y realizar todas las tareas necesarias para mantener todas las áreas de la casa limpias. Aunque nadie nos visite.

No ha sido fácil, sobre todo al principio en que hubo mayor resistencia de los jóvenes y una convivencia permanente que requirió de acoplamiento y paciencia, pero seguimos unidos y contentos.

Mi esposa nos corta el cabello y yo a ella. Inicialmente volví al pelo largo de juventud y ahora de nuevo cortito, si algo falla no pasa nada, nos vuelve a crecer, pero ella ha demostrado dotes para dejarnos satisfechos a todos.

El confinamiento me ha permitido realizar muchas actividades y generar cosas interesantes desde casa, empezando por escribir un par de libros, generar un movimiento social, impartir conferencias vía plataformas tecnológicas y rezar diariamente el rosario.

La última vez que salí con mi esposa en el auto a recorrer algunas calles, nos percatamos de la gran cantidad de tráfico vehicular, negocios abiertos, gente deambulando con el cubrebocas en la garganta y una vida normal de la que no somos parte. Me sentí en una burbuja, en donde todo el mundo externo es surrealismo puro y en el que no me interesa estar por el momento.

Cuando se abre lentamente la cochera eléctrica de casa y yo espero enfundado en mi cubrebocas, me imagino abriendo la puerta de una nave espacial para salir el espacio exterior, a un espacio en donde las condiciones de vida son adversas.

Cuando duermo, en mi sueño convivo normalmente con amigos, familiares y desconocidos, camino entre multitudes, juego con niños y como todo sueño es una realidad para mi mente y para mi cuerpo. Es un maravilloso mecanismo de compensación.

La gente no nos comprende, no pueden creer lo que hacemos, pero gracias al confinamiento se resguarda la vida de mi familia, una vez vacunados ya Dios dirá.

Mientras tanto un abrazo, por supuesto, a la distancia.

Agradezco como siempre sus comentarios al correo electrónico rolivaresg@hotmail.com