26 junio, 2022

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Versos de Eliseo Diego para una tarde

Cae la luz de la tarde de este día, y yo cierro el volumen La sed de lo perdido (Ediciones del Equilibrista, México, 1993), antología poética del cubano Eliseo Diego (1920–1994), nacido un 2 de julio de hace 98 años. Queda un dulce sabor a nostalgia por un mundo pletórico de referencias históricas y delicadas metáforas, el estilo que Eliseo Diego cultivó con denuedo, con dolor a veces, con alegría muchas más.

Su voz, honda y clara, encuentra en la memoria un puente que va de poema en poema, de libro en libro, ese es el rasgo más característico de su poesía. Las cosas que nombra no son, sin embargo, meras evocaciones agradecidas, ni hermosos pasajes y ensoñaciones de infancia, ni lecciones de observación de lo diminuto, sino el umbral que nos da acceso al sentido de la existencia toda.

Voy a nombrar las cosas, los sonoros

altos que ven el festejar del viento,

los portales profundos, las mamparas

cerradas a la sombra y al silencio.

Tiene su obra la capacidad de revivir el arraigo y la identidad de la primera niñez, con tonos sepias, ocres, otoñales, digamos.

La dos entre la sombra y en la pared el viernes

ardiendo inmóvil como vellón purísimo del fuego. (…)

La familiar baranda me rehace las manos

y el portal, como un padre, mis días me devuelve.

En el centro, la reordenación de la casa, la Finca Berta en Arroyo Naranjo, Cuba, que para Eliseo Diego fue un símbolo gravitacional que irradia vitalidad y del que, por extensión, extrae la calidez del entorno. El poeta siente su mundo entero en sustancial compenetración con las cosas de ayer y de hoy.

¡Oh el hervor callado de la luna que sitia las tapias blancas

y el ruido de las aguas que hacia el origen se apresuran!

Sus versículos albergan con suficiencia y espaciosidad la materialidad de lo real y proyectan sobre ésta toda su fuerza reverente y contenida a veces, furiosa y fuerte otras. El conjunto de la obra de Eliseo Diego no sólo ofrece visiones determinadas, perfectamente definidas, sino que nos muestra la dimensión compacta del mundo, invitándonos a entrar en él, antes que recordarlo, pues para rememorar hay que vivir primero. Honor a su obra, lectura de un mundo magnífico.

 

@porfirioh